Restricciones, fronteras, redadas, muros: Europa se aísla

Por: Javier Perellón Sabiote el 02/11/10 12:51

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Europa restringe el paso por sus fronteras a ciudadanos de determinados países, religiones o nivel económico. Esta política es excluyente y va en contra de la llevada a cabo dentro de sus fronteras por la que los ciudadanos de los Estados miembros tienen derecho a la libre circulación.

En un mundo tan globalizado como el nuestro algunos Estados endurecen sus leyes fronterizas contra la inmigración. Estas no tratan a todos los inmigrantes por igual sino que, en muchos casos, se guían más por razones religiosas y/o económicas que por las capacidades de las personas.

En el viejo continente, cada vez más, la Unión Europea selecciona de forma estratégica el tipo de inmigrante al que permite la entrada dentro de sus fronteras. Esta política exterior es excluyente y radicalizadora y difiere de la interna que defiende y favorece la movilidad laboral entre los ciudadanos de sus Estados miembros.

Los dirigentes de los principales Estados crean campañas en contra de la inmigración ilegal, insinuando la relación entre esta y los altos niveles de desempleo y precariedad social, a la vez que exponen las nefastas consecuencias que surgirían en caso de no llevarlas a cabo. De este modo crean un sentimiento antiinmigración en la población que se traduce en estrictas políticas contra la población inmigrante.

En el caso de Alemania, su presidenta, Ángela Merkel, ha realizado unas declaraciones en las que aseguraba que “la sociedad multicultural ha fracasado” puesto que “el intento de integrar a los inmigrantes en la sociedad germana “ha sido un absoluto fracaso”.

Si hasta la caída del muro de Berlín en 1989 pensábamos en este como una de las construcciones más vergonzosas jamás construidas, veinte años después demostramos que nuestra memoria es corta al hacer la vista gorda ante los construidos entre Ceuta y Melilla y Marruecos, Israel y Palestina o Estados Unidos y México. Todos siguen una misma dinámica: un país rico impide la entrada en su territorio de los ciudadanos de un país pobre. No importa si se denomina valla, muro o fosa, son lo mismo con distinto nombre, pues todos persiguen y alcanzan un mismo objetivo: aislar a los ciudadanos fronterizos y oprimirlos, más aún, en la pobreza con la que tienen que convivir día a día en sus respectivos países.

Los ciudadanos no podemos seguir en actitud impasible ante estos acontecimientos y debemos exigir el cumplimiento de sus derechos, que son los mismos que los nuestros. Los Estados deben crear políticas que integren y favorezcan la libre circulación de las personas sin importar raza, color o procedencia. Porque, como dijo Abraham Lincom, “los que niegan la libertad a los demás no se la merecen ellos mismos”.

La foto es de Frocoli en flickr

Actualizado (Lunes, 27 de Diciembre de 2010 23:56)